Wednesday, September 15, 2010

Comentario- Laforet

Un trozo de Nada
por Carmen Laforet
(Barcelona: Destino, 2007)
págs. 24-25


TROZO


      La habitación con la luz del día había perdido su horror, pero no su desarreglo espantoso, su absoluto abandono. Los retratos de los abuelos colgaban torcidos y sin marco de una pared empapelada de oscuro con manchas de humedad, y un rayo de sol subía hasta ellos.
Me complací en pensar en que los dos estaban muertos hacía años. Me complací en pensar que nada tenía que ver la joven del velo de tul con la pequeña momia irreconocible que me había abierto la puerta. La verdad era, sin embargo, que ella vivía, aunque fuera lamentable, entre la cargazón de trastos inútiles que con el tiempo se habían ido acumulando en su casa.
Tres años hacía que, al morir el abuelo, la familia había decidido quedarse sólo con la mitad del piso. Las viejas chucherías y los muebles sobrantes fueron una verdadera avalancha, que los trabajadores encargados de tapiar la puerta de comunicación amontonaron sin método unos sobre otros. Y ya se quedó la casa en el desorden provisional que ellos dejaron.
Vi, sobre el sillón al que yo me había subido la noche antes, un gato despeluzado que lamía sus patas al sol. El bicho parecía ruinoso, como todo lo que le rodeaba. Me miró con sus grandes ojos al parecer dotados de individualidad propia; algo así como si fueran unos lentes verdes y brillantes colocados sobre el hociquillo y sobre los bigotes canosos. Él enarcó el lomo y se le marcó el espinazo en su flaquísimo cuerpo. No pude menos de pensar que tenía un singular aire de familia con los demás personajes de la casa; como ellos, presentaba un aspecto excéntrico y resultaba espiritualizado, como consumido por ayunos largos, por la falta de luz y quizá por las cavilaciones. Le sonreí y empecé a vestirme.
Al abrir la puerta de mi cuarto me encontré en el sombrío y cargado recibidor hacia el que convergían casi todas las habitaciones de la casa. Enfrente aparecía el comedor, con un balcón abierto al sol. Tropecé, en mi camino hacia allí, con un hueso, pelado seguramente por el perro. No había nadie en aquella habitación, a excepción de un loro que rumiaba cosas suyas, casi riendo. Yo siempre creí que aquel animal estaba loco. En los momentos menos oportunos chillaba de un modo espeluznante. Había una mesa grande con un azucarero vacío abandonado encima. Sobre una silla, un muñeco de goma desteñido.
Yo tenía hambre, pero no había nada comestible que no estuviera pintado en los abundantes bodegones que llenaban las paredes, y los estaba mirando, cuando me llamó la tía Angustias.


ASUNTO
La protagonista describe, desde su punto de vista, la habitación desordenada en donde se encuentra.  Explica el estado de caos de la casa familiar y cómo llegó a estar en tal condición: con la muerte del abuelo la familia decidió quedarse con la mitad del piso, pero sin deshacerse de los muebles que sobraban. Así la casa se llenaba (literalmente), acompañada por un abandono general, y ahí se ubica la protagonista en el momento de este trozo.  El gato flaco que comparte este momento con ella le recuerda a los demás personas de la familia por su apariencia excéntrico.  Al salir del cuarto, la protagonista descubre el resto de la casa, que parecía vacía, menos un loro que murmuraba.  Buscando qué comer, no encuentra nada, y a la sazón le llama la tía Angustias.


APARTADOS- hay tres


Apartado A- Descripción del piso (ll. 1-20)


Apartado B- Descripción del gato (ll. 12- 34)


Apartado C- Descripción del resto de la casa (ll. 35-50)


Apartado A


El trozo empieza aludiendo a la noche anterior, cuando la protagonista (Andrea) divisaba la habitación con miedo, ya que aclara aquí que al verla a la luz del día, perdía su "horror," palabra fuerte que demuestra claramente la primera impresión de la muchacha.  Abunda el vocabulario que invoca el sentido desastroso del cuarto.  El "horror" (l. 2) anterior se ha esfumado, pero no el "desarreglo espantoso, su absoluto abandono" (l.2).  Enumera los defectos de la habitación: retratos que "colgaban torcidos" en una pared dañada con "manchas de humedad" (ll. 4-5); una casa en donde la gente vivía entre una "cargazón de trastos inútiles" (l. 12)--unos trastos y "chucherías" (l. 16) que se iban "acumulando" (l. 13) tras los años hasta amenazar a los habitantes con una "verdadera avalancha" (l. 17).  Estas imagenes de muebles gastados que han sido amontonados "sin método unos sobre otros" (l.19) nos proporciona una idea muy clara de la maraña de ese cuarto y esa casa, que "se quedó...en el desorden provisional" (ll. 19-20). Incluso el término que se usa para describir a la abuela, una "pequeña momia," relata el aire polvoroso, ruinoso, destartalado que prevalece.  La descripción detallada del cuarto nos demuestra el agobio y hasta cierto matiz de miedo que siente la protagonista al contemplar su entorno. La narradora escapa, o bien rechaza, la realidad de que aquella "momia" es su abuela, imaginando que llevaba ya años muerta.  


Apartado B


Aquí sigue la narradora registrando todo lo que ve.  Ahora se trata de un ser de carne y hueso, pero igual de lamentable como los muebles y los trastos de ese cuarto.  Un gato patético, "despeluzado" (l. 22), de "flaquísimo cuerpo (ll. 28-29) le "parecía ruinoso, como todo lo que le rodeaba" (ll. 23-24).  Sin embargo, su descripción del gato no es del todo despectiva.  Los ojos felinos parecen "dotados de individualidad propia," quizás trazando una similitud entre el gato y la casa de su familia, idea que  desarrolla más en las líneas 29-33.  El gato se parecía a la familia por su "aspecto excéntrico" (l. 31).  Su físico parecía se deberá a "ayunos largos, por la falta de luz y quizá por las cavilaciones" (ll. 32-33); igual a qué pasará a los habitantes humanos de la casa.  El gato no le asusta; de hecho, le provoca simpatía: "Le sonreí y empecé a vestirme" (ll. 34).


Apartado C


La protagonista sale de su cuarto a un recibidor con los mismos rasgos de su habitación: "sombrío y cargado" (l. 36).  Observa el comedor, que con su "balcón abierto al sol" parece indicar un poco de esperanza.  Sin embargo, un aire de abandono y descuido impregna el escenario, ya que tropieza "con un hueso, pelado seguramente por el perro" (ll. 39-40).  Pero el perro no está, y tampoco "había nadie en aquella habitación" (ll. 40-1), así añadiendo al aire solitario y casi misterioso de este trozo.  Sí hay un loro, pero esto pertenece a la esfera de locura que se está imbuido a la casa. La personificación del "loro que rumiaba cosas suyas, casi riendo" (ll. 43) aumenta  la sensación de un ambiente extraño.  Como el loro está de cierta manera abandonada en su jaula, tal son los objetos que describe la protagonista en este apartado: "un azucarero abandonado" y "un muñeco de goma desteñido" (ll. 45-6). Casi todo lo que describe a lo largo de todo el trozo sirve para ilustrar el caos, el abandono, lo gastado de todo...hasta como una memoria desteñida de lo que era la casa en épocas previas.  
     Con hambre, la narradora busca algo de desayunar, pero no encuentra comida, sino cuadros de bodegones que "llenaban las paredes" (ll. 49-50).  Sobraba imagenes de comida, pero no había rastro de comida verdadera.  Antes de que pudiera buscar qué comer en otro sitio, le llamó su tía, Angustias. 




Tema


El vacío y la alienación que se puede sentir en presencia de los demás o a solas.  


Conclusiones


Este trozo es un buen ejemplo de la soledad, tanto interior que exterior, que experimentan los personajes distintos del libro. (El tío Román y sus viajes misteriosos, su cuarto apartado, su pasado nebuloso; la tía Angustias con su supuesto amante del pasado, su falta de cariño verdadero; para citar algunos).
Entre el desastre del desorden de chucherías, muebles sobrantes y trastos se encuentra la narradora, observando  su alrededor con una sencillez y franqueza que nos permite inferir su soledad.  El gato de este trozo representa otro ser solitario, tal como el loro.  Tanto la narradora como los dos mascotas se complacen en sus reflexiones y cavilaciones. Es casi como una yuxtaposición de distintos seres solitarios; desolados como la misma casa.  




  

7 comments:

  1. Espero que hubiera pensado en incluir que se puede sentir solo en la presencia de otros también. Buena idea.

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  2. Bien hecho, Sara, todo lo que comenta tiene sentido y funciona; me gusta mucho su conclusión.
    Algunas cositas que faltan:
    algún comentario sobre la actitud de la autora;
    se menciona el sol o la luz en cada apartado, pero usted lo comenta sólo una vez;
    algún comentario sobre los abuelos en el pasado y por qué están sus retratos allí entre todas las cosas inútiles y la idea de que a Andrea le parece mejor que la abuela estuviera muerta que viva;
    el resto de la descripción del gato.
    Bien, me parece que usted no tiene ningún problema con lo que es un comentario y espero que sus compañeros lean su trabajo con cuidado.
    Dr. B-G

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  3. Gracias, Doctora. No sé cómo se me escapó lo de la actitud. Voy a asegurarme de sí incluirla en el comentario de mi libro. ¡Gracias por acordármelo! Buscaré en el trozo sobre las otras ideas de que no hablé; le agradezco la ayuda! : )

    Amanda, gracias chica! Voy yo ahora a mirar los demás blogs. Y me pasa igual a mí, que cada vez que leo el comentario de otro pienso lo mismo que tú: que "¿por qué no pensé en eso yo?" : )

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  4. ¡Buenissimo comentario! Me encantaron susc comentarios acerca de la soledad.

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  5. Sara: me gusta leer sus comentarios porque escribes como un nativo parlante...espero desarrollar mi propio vocabulario español como lo tuyo. Gracias por proveer un buen ejemplo de análisis...y ¿qué tal el/la nene?--D2

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  6. Muchísimas gracias, Alli y DeeDee. Y DeeDee, gracias por tus palabras. Y por cierto, para mí, tu vocabulario y manera de escribir ya son maravillosos. : ) Tu comentario fue muy bien hecho y muy bien pensado!!!

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  7. ¡Excelente Sara! Me gustó leer todo. Me gustan los ejemplos que diste en la conclusión para comparar este trozo con otros eventos de la novela.

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